Archive for the ‘Personajes históricos’ Category

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Los tesoros de Tut expuestos en Madrid

16 agosto 2010

Tutankhamón aterriza en España, o más bien sus objetos más personales. El faraón continúa descansando entre cristales en el Museo de El Cairo, en el país donde nació y donde fue enterrado. Sin embargo, los tesoros que Howard Carter halló en 1922 en su tumba, el mayor hallazgo egiptológico hasta el momento (y probablemente por siempre), están expuestos en la Casa de Campo de Madrid.

La capital española acoge estos meses –y hasta el 17 de octubre–los tesoros funerarios del más popular faraón en 3.000 metros cuadrados de exposición. Pese a ser uno de los menos destacados reyes del País del Nilo, Tutankhamón, que murió siendo tan solo un adolescente, es uno de los más celebres debido precisamente a que su tumba fue encontrada intacta, con todo lo que contenía cuando el faraón fue depositado en ella.

Pues bien, hoy podemos sentir o al menos hacernos una idea aproximada de lo que sintió Carter cuando asomó la cabeza entre el muro milenario y aspiro el aire que llevaba allí miles de años esperando ser liberado. Tutankhamón: la tumba y sus tesoros, un recorrido por el sepulcro de Tut, sus sarcófagos, sus objetos personales y su vida; nadie que sienta pasión, amor, admiración o simplemente inquietud por la antigua civilización egipcia debería dejar pasar la visita a esta exposición.

Enlace de la página web de la exposición: http://bit.ly/axBr8I

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“Los Tudor” arrasan con su estreno en TVE

23 julio 2010

La serie, inspirada en las vidas de esta dinastía familiar y el reinado de Enrique VIII de Inglaterra, triunfó allá por 2007 en América, y ahora viene a España a hacer lo mismo.

TVE ha conseguido un gran éxito de audiencia con la emisión de los dos primeros capítulos en la noche del jueves en pirme time. Logró un 18% de audiencia de media (el segundo capítulo tuvo más audiencia que el segundo), superando a Telecinco y a Antena3 que emitían “Supervivientes” y “Arena Mix” respectivamente.

Las intrigas familiares de este clan perecen enganchar, y congregaron ante la pequeña pantalla a unos 2,6 millones de telespectadores. Y es que últimamente, las series y películas históricas están siendo bien acogidas, especialmente las que estás bien producidas, como es el caso de “Los Tudor”.

Quizás también la emisión de ambos capítulos seguidos sin publicidad sea una de las claves de su éxito, así como el hecho de que el resto de cadenas no tuviesen grandes apuestas con las que competir, como suele suceder en estos meses estivales. Y es que el concurso conducido por Jesús Vázquez en Telencico no está alcanzando el éxito de ediciones anteriores. Quizás demasiada isla y demasiado superviviente famoso de pega termina cansando. El fin de “Física o Química”, de “El Internado” y de las principales series de ficción del país seguro que también ha ayudado a que la audiencia de “Los Tudor” se haya incrementado.

La serie, que fue nominada al Globo de Oro, cuenta, como es habitual en estos casos, con ciertas “irregularidades” históricas que no se ajustan del todo a la realidad, aunque hay que tener en cuenta que se trata de ficción, no de un documental histórico.

Se han tomado libertades, por ejemplo, con nombres de personajes, relaciones, apariencia física y el año en que ocurrieron algunos hechos. Asimismo, el tiempo es más abreviado de lo que fue realmente, y el rey Enrique aparenta menos edad de la que tenía, por ejemplo, cuando entabló relaciones con Ana Bolena. También en el caso de la hermana del rey se comenten ciertas erratas, ya que en la serie el personaje que la encarna vive en realidad una mezcla de las vidas de ambas hermanas de Enrique. Éste, por su parte, es aludido como rey de Irlanda, título que no existía aún. La música o las relaciones con la Iglesia no cuadran tampoco del todo, y además, entre otras cosas, Enrique VIII celebra el nacimiento de su hijo Enrique disparando un tipo de mosquete que no se inventó hasta 1630, un siglo después.

En cualquier caso, como digo, nada que no se salga de lo normal en este tipo de producciones que, sin embargo, ha sido impecable en vestuario, decorados, guión y otros muchos aspectos. Esperemos un éxito similar para el resto de capítulos.

Reparto:

Personaje Actor
Rey Enrique VIII Jonathan Rhys-Meyers
Cardenal Thomas Wolsey Sam Neill
Anthony Knivert Callum Blue
Charles Brandon Henry Cavill
Duque de Norfolk Henry Czerny
Ana Bolena Natalie Dormer
Maria Tudor Sarah Bolger
Catalina de Aragón Maria Doyle Kennedy
Tomás Bolena Nick Dunning
Thomas Cromwell James Frain
Tomás Moro Jeremy Northam
William Compton Kristen Holden-Ried
Margarita Tudor Gabrielle Anwar
Papa Pablo III Peter O’Toole

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Bloody Mary, más que una bebida

13 junio 2010

María era el nombre de la tercera mujer en ascender al trono de Inglaterra, la que sería conocida como María I o más popularmente como María Tudor. Durante su juventud estuvo marginada, y sería a los 37 años cuando ascendiese al trono. Contrajo matrimonio con Felipe II de España, entonces un joven príncipe, pero su breve reinado (1553-1558) dejaría un amargo recuerdo.

La vida de María Tudor estuvo marcada, desde un principio, por la fatalidad. Sus padres, Enrique VIII y Catalina de Aragón, habían esperado un varón que asegurara la sucesión al trono, pero María fue la única hija que tuvieron. Once años después del nacimiento de María, y al no poder garantizar su descendencia, Enrique VIII pidió a Roma la cancelación de su matrimonio con Catalina. Pero el Papa se negó, por lo que Enrique VIII optó por contraer matrimonio con Ana Bolena, con la que tuvo a la futura Isabel I.

La separación de sus padres le ocasionó a María Tudor un gran pesar y, frente al dilema de seguir el protestantismo de su padre o inclinarse por la fe católica de su madre, decidió por mantenerse fiel a su madre. Una ley del Parlamento inglés la despojó de la sucesión en favor de su hermanastra, la princesa Isabel. Pero María continuó apoyando a su madre.

La ejecución de Ana Bolena en 1536 mitigó el ambiente enrarecido, pero la nueva esposa de Enrique VIII, Juana Seymour, logró que María capitulara y jurara las nuevas leyes religiosas, con la consecuente marginación de la joven Isabel. Fruto del matrimonio entre Enrique VIII y Juana Seymour nació Eduardo, que fue designado el heredero de la corte. Pero Eduardo VI murió en 1553 y María ocupó el trono, con el deseo de ser fiel a la religión de su madre; un gesto de esperanza para los católicos ingleses.

María se fijó en el príncipe Felipe —hijo de Carlos V— y tras muchas dificultades finalmente el Parlamento aprobó la boda en abril de 1554. El matrimonio transcurrió en un clima sosegado entre abril de 1554 y 1555, pero entonces María emprendió una feroz represión contra todos aquellos contrarios a la reinstauración del catolicismo, condenando a la hoguera a 273 personas. La historiografía protestante posterior no iba mal encaminada cuando decidió apodar a la reina como «la sangrienta María» o, en inglés, Bloody Mary, dando origen a la denominación de la popular bebida de color rojo sangre.

Fuente: Historia National Geographic

http://www.historiang.com/

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La Duquesa está triste, ¿qué tendrá la Duquesa?

3 febrero 2010

La historia. El devenir del hombre. Nuestro pasado, nuestra vida y, obviamente, nuestro futuro. Tendemos a pensar que la historia se ha construido en base a leyes, gobiernos, diferentes ideologías, guerras, invasiones, déspotas, Constituciones y demás elementos que colman los libros de historia. Pero hay algo más. Nada, absolutamente nada podría haber sucedido sin algo más importante que todo eso: la vida privada, el amor, el odio, lo que nos pasa por la mente y el corazón, lo que vivimos, lloramos y reímos, lo que necesitamos de forma personal.

Porque Napoleón volvía de la guerra tras matar a miles de personas y se instalaba en una casa al calor de la chimenea junto a sus hijos, aunque nunca será recordado por ello; y Francisco Franco, acercándonos a tiempos más próximos, salía de su despacho desde el que maquinaba las ordenes que daría al día siguiente y se sentaba junto a su esposa para cenar un yogur en el que solía echar una cucharada de café, y si apretaba el hambre pedía que le hiciesen una tortilla francesa.

Lo que hicieron estos y otros muchos, bueno o malo, afectó al mundo, pero no se fraguó en el campo de batalla ni en un despacho oscuro de madera. La privacidad marca nuestras acciones, y así ha sido siempre.

Por ello, hoy quiero dedicar el blog a una mujer en especial. Se trata de alguien poco recordada, en parte gracias a su esposo; alguien que sufrió pero que siempre supo sonreír cuando era aclamada por el pueblo; alguien que llegó a influir enormemente en la política inglesa, que se ganó el cariño del pueblo y que es antepasada de la Princesa Diana de Gales. Quizás historias similares las de ambas en muchos aspectos.

Hace varios siglos, una tal Georgiana Spencer se casó por presiones familiares con el único objetivo de dar un hijo a su esposo, el Duque de Devonshire, un déspota, antipático y desagradable señor enamorado de sus perros y de las mujeres. De todas menos de la suya. Pese a la insoportable situación vivida en casa, la Duquesa de Devonshire siempre aparentaba una felicidad ficticia, sólo real cuando conoció a un político que llegaría a ser Primer Ministro y al que ella defendió políticamente y amó.

Fue la mujer más fascinante de su época, conocida en todas partes, que intentó virar el rumbo del país siempre a la sombra del Duque, y que finalmente murió lejos de su amado, del hijo que tuvo con éste y bajo el mismo techo que la amante de su marido y los hijos de ambos. Infeliz. Así fue. Como tantos otros personajes de nuestra historia que aparentaban una normalidad palpable y que actuaban al margen de lo que se fraguaba en casa, pero siempre influidos por ello.

El hecho de ser una mujer en una época como la que le tocó vivir supuso ya una dura lucha. El cine, como en tantos otros casos, rescató de los anales de la historia la de ésta triste Duquesa, que no se plasma en ningún libro de historia.

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El poder de la seducción

9 diciembre 2009

Hoy me remito a la prestigiosa National Geographic para hablar de una figura famosa, dada a conocer por el cine especialmente pero una gran desconocida en el fondo: Cleopatra.

No fue una sola la reina egipcia que recibió el nombre de Cleopatra. De hecho,  la más conocida es Cleopatra VII, la última reina ptolemaica de Egipto que, para  intentar salvar la independencia de su reino, empleó todas las armas de la diplomacia, incluido su atractivo personal.

Marco Antonio, seducido, se trasladó a Alejandría y soñó con fundar allí un gran Imperio oriental, rival del romano. Frente al acoso de Roma, la última reina del Egipto ptolemaico quiso salvar su poder mediante las únicas armas que le restaban: el fasto de su corte y su atractivo personal, con el que cautivó a César y Marco Antonio. Cleopatra pretendió resucitar las glorias del Egipto ptolemaico a costa del poder romano en el Mediterráneo oriental.

Tres personajes capitales en la historia de la República tardía confluyeron en Cleopatra VII: Julio César la convirtió en monarca del país del Nilo; Marco Antonio le procuró la expansión territorial que ansiaba, y Octavio no sólo terminó con sus sueños de grandeza sino también con su vida.

 Cleopatra era la última descendiente de una dinastía ilustre, la de los lágidas. A la muerte de su padre, Cleopatra se casó con su hermano, Ptolomeo XIII, según el rito egipcio de la «hierogamia» o «matrimonio sagrado» entre hermanos con el fin de preservar la divinidad dinástica. Ambos esposos se encontraban en igualdad de rango, pero fue la reina, por edad y por carácter, la que accedió al trono de Egipto.

Cleopatra heredó de los reyes lágidas el gusto por las fiestas públicas en las que se exhibía todo el poder de la dinastía ante sus súbditos de Alejandría. En el 48 a.C. Julio César llegó a Egipto y se convirtió en mediador entre Cleopatra y su hermano. A la muerte de éste, restauró a Cleopatra en el trono e hizo con ella un viaje por el Nilo, del que resultó el nacimiento de un niño, Cesarión. Pese a ello, el conquistador romano decidió casar a su amante con otro hermano de ésta, Ptolomeo XIV, con el fin de mantener la legalidad del reino lágida.

El asesinato de César, en marzo de 44 a.C., obligó a Cleopatra a emprender el camino de regreso desde Roma hasta su tierra. De vuelta en Alejandría, eliminó a Ptolomeo XIV y asoció en el trono al hijo que había tenido de César, Ptolomeo XV, entonces un niño de tres años. La guerra civil que estalló a la muerte de César dio lugar al segundo capítulo de las relaciones de Cleopatra con Roma: su alianza conMarco Antonio, tanto en el terreno político como en el amoroso.

Convocada por Marco Antonio, Cleopatra se presentó en Tarso a bordo de un navío y bajo un pabellón de oro, rodeada de criados vestidos como dioses del amor y nereidas. Fruto de su relación con el eminente político y militar romano, Cleopatra dio a luz dos gemelos: Alejandro Helios y Cleopatra Selene. Tras la derrota de Actium, en la que los octavianos aniquilaron la armada de Antonio y Cleopatra, éstos últimos lograron escapar a Alejandría, donde reanudaron su vida de fasto cortesano y de lujosos banquetes.

Pero Octavio no tardó en poner sitio a la capital de Egipto. Para no sufrir la humillación de desfilar en el triunfo de Octavio en Roma, ambos amantes decidieron suicidarse.

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La obsesión de una madre

29 noviembre 2009

Olimpia de Epiro, principal esposa de rey Filipo II de Macedonia, nació en el año 375 a. C. y muere con sesenta años, habiendo sido la madre de Cleopatra de Macedonia y del mayor militar de la historia: Alejandro Magno. Adoptó el nombre de Olimpia en memoria de la victoria que su esposo obtuvo en este lugar y que sucedió el mismo día del nacimiento de su hijo Alejandro.

Al parecer, era una mujer violenta, neurótica y supersticiosa, y bajo su mandato fueron asesinados varios personajes de su época. Olimpia hizo lo que otros reyes de su momento, es decir, llevar una política de eliminación de posibles rivales, como representa magistralmente la actriz Angelina Jolie en la película ‘Alejandro Magno’.

Fue repudiada por Filipo II y de esta manera pasó de ser reina a ser sólo madre de Alejandro. Se exilió por ello voluntariamente a Epiro, su región natal, y sólo volvió a Macedonia cuando murió su esposo. Ella sería entonces una de las principales sospechosas de la muerte de Filipo II debido al repudio del que fue objeto y debido, además, a que el nuevo casamiento de Filipo II y, por ende, un nuevo hijo de éste, podía hacer peligrar el futuro reinado de Alejandro.

A partir de ese momento, su vida se convierte en intrigas políticas y asesinatos. En primer lugar mandó asesinar a la última esposa legítima de Filipo, hecho que fue muy reprochado por Alejandro, su hijo. A pesar de estas turbulencias, parece ser que fue la época mejor de su vida pues, se sentía importante como regente de Macedonia, sin que nada la estorbase. Pero tenía un eterno enemigo: Casandro, que conseguiría destruirla.

Olimpia fue una mujer de gran capacidad e inteligencia, cuyo juicio quedaba totalmente nublado por sus emociones; fue visionaria, desenfrenada y orgiástica, aunque no en un sentido sexual; tuvo un tipo de orgullo que no la permitió rebajarse a cometer un vulgar adulterio.

Para cólera y disgusto de Filipo,  Olimpia mantuvo a su alrededor en sus propios aposentos varias serpientes domesticadas y es posible que sufriera alucinaciones autoinducidas y se emborrachase de manera habitual. En aquellos tiempos, la vida cotidiana gozaba de poca intimidad, incluso en el caso de los grandes. Por eso resultaba significativo que, pese a las acusaciones que Olimpia provocó, nunca se mencionara a nadie como su amante. Dado que odiaba a su marido, quiso poseer totalmente a su hijo, al que hizo creer que su nacimiento había sido sobrenatural y que no era hijo de Flipo.

Llegará el momento en que Casandro ordene a los soldados macedonios la ejecución de Olimpia, pero se negaron alegando que ellos no matarían nunca a la madre de su mítico jefe Alejandro. Después de este fracaso, pretendió ganar terreno con la difamación y la calumnia hacia Alejandro. Pero los macedonios no están de acuerdo con este comportamiento y comienzan a retirarle su apoyo. El recuerdo del gran Alejandro pesaba todavía mucho aun después de muerto este.

Fue entonces cuando Casandro urdió toda una trama: acudió a los parientes de Eurídice, que había sido asesinada por orden de Olimpia y que estaban todos, obviamente, en contra de ésta. Y así, con la ayuda de unos parientes despechados y enemistados, Casandro consiguió la muerte de Olimpia, su gran enemiga.

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El eterno propagandista

22 noviembre 2009

A aquel joven príncipe llamado Ramsés le fue otorgado a muy temprana edad un palacio real y un importante harén. Se dedicó desde ese instante a acompañar a Seti I, su padre, en las campañas militares emprendidas en Palestina y Siria, de tal modo que, cuando en el año 1301 antes de Cristo llegó al trono, poseía ya una vasta experiencia militar, a pesar de su extrema juventud.

No debemos confundirnos, sin embargo -como muchos han hecho- al denominarle como ‘El faraón guerrero’, pues tal apelativo recaería sobre otro rey egipcio (Tutmosis III). Al nacer había recibido el nombre de Ramsés, y como su abuelo fue Ramsés I, este joven faraón pasaría a los anales de la historia como Ramsés II ‘el Grande’.

 Considerado en la ceremonia de coronación como el ‘defensor de Egipto’, ‘rico en años y en victorias’ y ‘elegido de Ra’, a partir de ese mismo instante su vida fue la de un rey-dios, hijo de dioses, objeto de culto y adoración general. Llegaría a ser un faraón tan absoluto como su padre, e incluso se le identificaría con Dios más que los gobernantes anteriores. La distancia que lo separaba del pueblo era aún mayor que la de Keops, el faraón que erigió la gran pirámide.

Siguiendo con su mentalidad conquistadora y guerrera, la primera medida de su reinado fue el traslado de la capital desde Tebas hasta Tanis, en el delta del Nilo, a fin de situar la residencia real cerca del punto de mayor peligro para el imperio: la frontera con Asia. Sus primeras campañas militares se dirigieron hacia Mesopotamia y las incursiones por Asia.

Entre otras batallas, es destacada sobre el resto la Batalla de Kadesh. Los hititas se encontraban instalados en Siria y cercaron al ejército de Ramsés a los pies de la muralla de la ciudad de Kadesh. Los hititas creyeron haber ganado la batalla e intentaron asaltar el campamento del faraón, pero en medio de la confusión (entre otras cosas porque sus carros eran demasiado grandes para serpentear entre el laberíntico campamento), Ramsés cargó contra ellos y transformó la derrota en una relativa victoria. Su hazaña en Kadesh se cantó en una de las muestras más brillantes de la poesía épica egipcia: el Poema de Kadesh, profusamente grabado en los templos.

Sin embargo la victoria no fue tal, pues lo que sucedió es que se vio obligado a firmar un tratado de paz (el primero del que se tiene noticia histórica) con el rey hitita Hattusil. Dicho tratado se vio reforzado una década más tarde merced a los sucesivos matrimonios de Ramsés con dos hijas del rey.

Después de consolidar las relaciones entre ambos imperios, hitita y egipcio, y después de apaciguar los problemas fronterizos, la gestión de Ramsés dio a su reinado una imagen de esplendor que ha sido legada a la posteridad. Fue un administrador competente y un rey popular. Su nombre y su rostro se encuentran en todos los monumentos de Egipto y Nubia, siendo considerado el introductor de la propaganda en el mundo.

Su instinto lo llevó a convertirse en el ‘rey constructor’ por excelencia: engrandeció Tebas, completó el templo funerario de Luxor, erigió Abu Simbel, terminó la sala hipóstila de Karnak e hizo importantes reformas en el templo de Amenofis III. En el ámbito familiar, sería Nefertari su esposa favorita, que murió bastante joven, pero no llegó a ser la madre de su heredero al trono. Tuvo otras muchas en ese amplio harén y llegó a tener alrededor de cien hijos, un modo más de asegurarse su eternidad (igualmente que sus monumentos y esculturas).

Además de ser muy alto y de cabello pelirrojo, algo muy extraño para esa época y lugar, vivió tantísimos años (más de noventa, cuando la media estaba en treintaicinco) que vio morir a muchos de sus descendientes. Su momia, descubierta en 1881, nos desvela a un hombre anciano de cara alargada y prominente nariz, con los dientes destrozados y que debió parecer artritis y enfermedades propias de su edad.

Fue sin duda el último gran faraón, ya que sus sucesores se vieron obligados a llevar una política defensiva para mantener la soberanía en Palestina. Posteriormente, la decadencia interna habría de terminar con el poder de Egipto más allá de sus fronteras. No supieron mantener las riendas del Imperio como el Gran Ramsés II.