Archive for the ‘Grecia’ Category

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La obsesión de una madre

29 noviembre 2009

Olimpia de Epiro, principal esposa de rey Filipo II de Macedonia, nació en el año 375 a. C. y muere con sesenta años, habiendo sido la madre de Cleopatra de Macedonia y del mayor militar de la historia: Alejandro Magno. Adoptó el nombre de Olimpia en memoria de la victoria que su esposo obtuvo en este lugar y que sucedió el mismo día del nacimiento de su hijo Alejandro.

Al parecer, era una mujer violenta, neurótica y supersticiosa, y bajo su mandato fueron asesinados varios personajes de su época. Olimpia hizo lo que otros reyes de su momento, es decir, llevar una política de eliminación de posibles rivales, como representa magistralmente la actriz Angelina Jolie en la película ‘Alejandro Magno’.

Fue repudiada por Filipo II y de esta manera pasó de ser reina a ser sólo madre de Alejandro. Se exilió por ello voluntariamente a Epiro, su región natal, y sólo volvió a Macedonia cuando murió su esposo. Ella sería entonces una de las principales sospechosas de la muerte de Filipo II debido al repudio del que fue objeto y debido, además, a que el nuevo casamiento de Filipo II y, por ende, un nuevo hijo de éste, podía hacer peligrar el futuro reinado de Alejandro.

A partir de ese momento, su vida se convierte en intrigas políticas y asesinatos. En primer lugar mandó asesinar a la última esposa legítima de Filipo, hecho que fue muy reprochado por Alejandro, su hijo. A pesar de estas turbulencias, parece ser que fue la época mejor de su vida pues, se sentía importante como regente de Macedonia, sin que nada la estorbase. Pero tenía un eterno enemigo: Casandro, que conseguiría destruirla.

Olimpia fue una mujer de gran capacidad e inteligencia, cuyo juicio quedaba totalmente nublado por sus emociones; fue visionaria, desenfrenada y orgiástica, aunque no en un sentido sexual; tuvo un tipo de orgullo que no la permitió rebajarse a cometer un vulgar adulterio.

Para cólera y disgusto de Filipo,  Olimpia mantuvo a su alrededor en sus propios aposentos varias serpientes domesticadas y es posible que sufriera alucinaciones autoinducidas y se emborrachase de manera habitual. En aquellos tiempos, la vida cotidiana gozaba de poca intimidad, incluso en el caso de los grandes. Por eso resultaba significativo que, pese a las acusaciones que Olimpia provocó, nunca se mencionara a nadie como su amante. Dado que odiaba a su marido, quiso poseer totalmente a su hijo, al que hizo creer que su nacimiento había sido sobrenatural y que no era hijo de Flipo.

Llegará el momento en que Casandro ordene a los soldados macedonios la ejecución de Olimpia, pero se negaron alegando que ellos no matarían nunca a la madre de su mítico jefe Alejandro. Después de este fracaso, pretendió ganar terreno con la difamación y la calumnia hacia Alejandro. Pero los macedonios no están de acuerdo con este comportamiento y comienzan a retirarle su apoyo. El recuerdo del gran Alejandro pesaba todavía mucho aun después de muerto este.

Fue entonces cuando Casandro urdió toda una trama: acudió a los parientes de Eurídice, que había sido asesinada por orden de Olimpia y que estaban todos, obviamente, en contra de ésta. Y así, con la ayuda de unos parientes despechados y enemistados, Casandro consiguió la muerte de Olimpia, su gran enemiga.

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El dueño del mundo

19 noviembre 2009

Que grande, que magnífico. Extraordinario y regio, majestuoso y grandioso, soberbio,  brillante… el joven macedonio que conquistó el Imperio Persa en el año 331 Antes de Cristo en la batalla de Gaugamela.

Aquel que inclinaba levemente la cabeza sobre su hombro derecho cuando te miraba fijamente y te hablaba. Un ojo marrón y otro gris, quizás por un traumatismo craneal. El pelo rizado y castaño claro. Blanco de piel. Aquel rebelde a que muchos no entendieron.  Ese que luchó como ninguno y que entró por las puertas de Babilonia aclamado como un rey.

Murió antes de los treinta y tres años, seguramente envenenado, pero fue uno de los más grandes luchadores del mundo antiguo, ya que su padre le dijo de niño que Macedonia se le quedaba pequeña y con tan sólo veinticinco años ya había conquistado todo el mundo conocido.

Alejandro III de Macedonia, Alejandro Magno. Al pronunciar el nombre se te llena la boca: Alejandro Magno, Alejandro Magno… el grande, el incomparable, el temido. Quiso faraonizarse, pues le apasionaba Egipto desde la primera vez en que estuvo allí (país del que fue rey), y en los relieves de Karnak aparece haciendo ofrendas al dios egipcio Amón.

Mantenía relaciones sexuales de manera indistinta con hombres y mujeres (quizás incluso con su madre). Eso sí, sólo con mujeres y hombres jóvenes y bellos, pues eso era lo más normal en la Antigüedad. Fue alumno de Aristóteles, y uno de sus hijos nació cuando Alejandro ya había muerto. Su Imperio, que se repartió tras su desaparición, nunca más sería el mismo. Un héroe o un guerrero sin piedad; un asesino o un conquistador. Quién sabe… era Alejandro el Magnífico, por algo sería ¿no?