Archive for the ‘Artículos’ Category

h1

“Los Tudor” arrasan con su estreno en TVE

23 julio 2010

La serie, inspirada en las vidas de esta dinastía familiar y el reinado de Enrique VIII de Inglaterra, triunfó allá por 2007 en América, y ahora viene a España a hacer lo mismo.

TVE ha conseguido un gran éxito de audiencia con la emisión de los dos primeros capítulos en la noche del jueves en pirme time. Logró un 18% de audiencia de media (el segundo capítulo tuvo más audiencia que el segundo), superando a Telecinco y a Antena3 que emitían “Supervivientes” y “Arena Mix” respectivamente.

Las intrigas familiares de este clan perecen enganchar, y congregaron ante la pequeña pantalla a unos 2,6 millones de telespectadores. Y es que últimamente, las series y películas históricas están siendo bien acogidas, especialmente las que estás bien producidas, como es el caso de “Los Tudor”.

Quizás también la emisión de ambos capítulos seguidos sin publicidad sea una de las claves de su éxito, así como el hecho de que el resto de cadenas no tuviesen grandes apuestas con las que competir, como suele suceder en estos meses estivales. Y es que el concurso conducido por Jesús Vázquez en Telencico no está alcanzando el éxito de ediciones anteriores. Quizás demasiada isla y demasiado superviviente famoso de pega termina cansando. El fin de “Física o Química”, de “El Internado” y de las principales series de ficción del país seguro que también ha ayudado a que la audiencia de “Los Tudor” se haya incrementado.

La serie, que fue nominada al Globo de Oro, cuenta, como es habitual en estos casos, con ciertas “irregularidades” históricas que no se ajustan del todo a la realidad, aunque hay que tener en cuenta que se trata de ficción, no de un documental histórico.

Se han tomado libertades, por ejemplo, con nombres de personajes, relaciones, apariencia física y el año en que ocurrieron algunos hechos. Asimismo, el tiempo es más abreviado de lo que fue realmente, y el rey Enrique aparenta menos edad de la que tenía, por ejemplo, cuando entabló relaciones con Ana Bolena. También en el caso de la hermana del rey se comenten ciertas erratas, ya que en la serie el personaje que la encarna vive en realidad una mezcla de las vidas de ambas hermanas de Enrique. Éste, por su parte, es aludido como rey de Irlanda, título que no existía aún. La música o las relaciones con la Iglesia no cuadran tampoco del todo, y además, entre otras cosas, Enrique VIII celebra el nacimiento de su hijo Enrique disparando un tipo de mosquete que no se inventó hasta 1630, un siglo después.

En cualquier caso, como digo, nada que no se salga de lo normal en este tipo de producciones que, sin embargo, ha sido impecable en vestuario, decorados, guión y otros muchos aspectos. Esperemos un éxito similar para el resto de capítulos.

Reparto:

Personaje Actor
Rey Enrique VIII Jonathan Rhys-Meyers
Cardenal Thomas Wolsey Sam Neill
Anthony Knivert Callum Blue
Charles Brandon Henry Cavill
Duque de Norfolk Henry Czerny
Ana Bolena Natalie Dormer
Maria Tudor Sarah Bolger
Catalina de Aragón Maria Doyle Kennedy
Tomás Bolena Nick Dunning
Thomas Cromwell James Frain
Tomás Moro Jeremy Northam
William Compton Kristen Holden-Ried
Margarita Tudor Gabrielle Anwar
Papa Pablo III Peter O’Toole

Anuncios
h1

Bloody Mary, más que una bebida

13 junio 2010

María era el nombre de la tercera mujer en ascender al trono de Inglaterra, la que sería conocida como María I o más popularmente como María Tudor. Durante su juventud estuvo marginada, y sería a los 37 años cuando ascendiese al trono. Contrajo matrimonio con Felipe II de España, entonces un joven príncipe, pero su breve reinado (1553-1558) dejaría un amargo recuerdo.

La vida de María Tudor estuvo marcada, desde un principio, por la fatalidad. Sus padres, Enrique VIII y Catalina de Aragón, habían esperado un varón que asegurara la sucesión al trono, pero María fue la única hija que tuvieron. Once años después del nacimiento de María, y al no poder garantizar su descendencia, Enrique VIII pidió a Roma la cancelación de su matrimonio con Catalina. Pero el Papa se negó, por lo que Enrique VIII optó por contraer matrimonio con Ana Bolena, con la que tuvo a la futura Isabel I.

La separación de sus padres le ocasionó a María Tudor un gran pesar y, frente al dilema de seguir el protestantismo de su padre o inclinarse por la fe católica de su madre, decidió por mantenerse fiel a su madre. Una ley del Parlamento inglés la despojó de la sucesión en favor de su hermanastra, la princesa Isabel. Pero María continuó apoyando a su madre.

La ejecución de Ana Bolena en 1536 mitigó el ambiente enrarecido, pero la nueva esposa de Enrique VIII, Juana Seymour, logró que María capitulara y jurara las nuevas leyes religiosas, con la consecuente marginación de la joven Isabel. Fruto del matrimonio entre Enrique VIII y Juana Seymour nació Eduardo, que fue designado el heredero de la corte. Pero Eduardo VI murió en 1553 y María ocupó el trono, con el deseo de ser fiel a la religión de su madre; un gesto de esperanza para los católicos ingleses.

María se fijó en el príncipe Felipe —hijo de Carlos V— y tras muchas dificultades finalmente el Parlamento aprobó la boda en abril de 1554. El matrimonio transcurrió en un clima sosegado entre abril de 1554 y 1555, pero entonces María emprendió una feroz represión contra todos aquellos contrarios a la reinstauración del catolicismo, condenando a la hoguera a 273 personas. La historiografía protestante posterior no iba mal encaminada cuando decidió apodar a la reina como «la sangrienta María» o, en inglés, Bloody Mary, dando origen a la denominación de la popular bebida de color rojo sangre.

Fuente: Historia National Geographic

http://www.historiang.com/

Share

h1

Curiosidades para reflexionar

29 mayo 2010

No cabe duda de que las pirámides de Egipto son, de todos los vestigios que nos legaron los egipcios de la Antigüedad, los más portentosos y emblemáticos monumentos de esta civilización, y en particular las tres grandes pirámides de Gizeh, que son las tumbas de los reyes Keops, Kefrén y Micerino, cuya construcción se remonta al Imperio Antiguo de Egipto (2700–2200 antes de Cristo aproximadamente).

Miles de temas podrían tratarse al respecto de estos colosos del desierto. Hoy, sin embargo, he decido aferrarme a las curiosidades que los rodean, más que a los hechos históricos; es decir, a esos datos que a cualquiera dejan con la boca abierta sin necesidad de conocer la historia del país de los faraones:

  • La Gran Pirámide fue el edificio más alto del mundo durante miles de años, hasta la construcción de la Torre Eiffel en París en 1889.
  • La orientación de las tres pirámides de Gizeh (Keops, Kefrén y Micerinos) coincide exactamente con la de las tres estrellas centrales de la constelación de Orión (el cinturón de Orión), que era Osiris para los egipcios. Muchos estudiosos no comparten esta idea, la cual es defendida especialmente por Robert Bauval.
  • Pese a que asociamos la idea de pirámide a las tres más famosas ya citadas, hay que decir que existen más de 80 pirámides (algunos incluso dan un numero bastante más alto cercano al 200) extendidas por todo el territorio de Egipto, la gran mayoría en ruinas y algunas semiescondidas bajo las arenas del desierto. Sí que es cierto, sin embargo, que las de mayor tamaño son las de Gizeh.
  • Pese a ser monumentos mortuorios, la creencia de algunos expertos y egiptólogos es que la construcción de las pirámides pudo estar motivada por aspectos cósmicos y religiosos y no atendió criterios prácticos.
  • En 1798, antes de la batalla de las pirámides de Gizeh frente a los mamelucos, Napoleón Bonaparte arengó a sus tropas diciendo: “Soldados, desde lo alto de estas pirámides, cuarenta siglos de historia nos contemplan”. Napoleón realizó cálculos sobre la cantidad de piedras utilizadas para la construcción de la Gran Pirámide. Según sus cuentas, con dichas piedras se podría construir un muro alrededor de Francia.
  • La superficie que ocupa la Gran Pirámide es equivalente a la de ocho campos de fútbol. Para rodearla hay que caminar cerca de un kilómetro y su altura es similar a la de un edificio de cuarenta pisos.
  • Se dice que se emplearon 100.000 hombres y tan sólo 23 años en construir la Gran Pirámide. En todo caso, las técnicas que se usaron para ello son aún una incógnita. Existen varias teorías sobre su construcción, pero los estudiosos del tema no se ponen de acuerdo.

  • La Gran Pirámide está formada por unos 2.300.000 bloques de piedra. Cada uno de ellos tiene un peso aproximado de 2,5 toneladas. Así, el peso aproximado de la Gran Pirámide de Keops es de 6 millones de toneladas. Por tanto, serían necesarias unas 6.000 locomotoras para poder moverla.
  • La pirámide de Keops esconde en su interior un complejo laberinto de pasillos y cámaras sin salida y se cree que podrían existir galerías aún no descubiertas. La galería principal mide 47 m de longitud y casi 9 de altura.

Como dato final y sorprendente destacaré que la altura de la citada pirámide es aproximadamente de 147 metros, y esta altura multiplicada por un millón daría como resultado la distancia de la Tierra al Sol, que es de 147.000.000 de kilómetros. ¿Pura casualidad? Quizás sí… pero quizás no… quizás nunca lo sabremos…

Fuente principal:  http://www.erroreshistoricos.com/

Share

h1

El contubernio: asunto de esclavos

22 mayo 2010

Llamamos contubernio en Roma a la convivencia conyugal entre dos esclavos, que necesitaría de la autorización de los dueños de éstos. La descendencia seguirá siempre la condición de la madre (esclava) y esos hijos pertenecerán al dueño de dicha esclava.

Y es que los esclavos no tenían derecho a formar una familia, pero sí que se tiene en cuenta la relación consanguínea de cara al futuro. Es decir, en caso de que fuesen liberados a lo largo de su vida, sí que pueden saber de quién son hijos, especialmente para que no se produzcan relaciones incestuosas, pero en ningún caso son reconocidos como familiares legales por las leyes romanas.

El contubernio puede ser también una convivencia o unión entre un ciudadano libre y un esclavo, bien sea éste propio o ajeno, pero se trata de casos muy mal vistos socialmente y también por las leyes romanas, pudiendo imponerse castigos como convertir a la parte libre en esclava en caso de que no se disuelva esa unión. Y es que supone una extraña inversión o subversión del orden social.

Recomendables las obras de M. Henar Gallego Franco

http://0-dialnet.unirioja.es.diana.uca.es/servlet/autor?codigo=144267

Share

h1

Religión egipcia: politeísmo y monarquía divina

14 mayo 2010

La religión era muy importante para los egipcios antiguos, y estaba tan influida por la tradición, que ellos se resintieron enormemente a los cambios que se van a presentar a lo largo de la historia.

Los egipcios no deseaban un cambio religioso, y su pensamiento principal durante toda su historia fue el de creer que habían existido al amanecer de la creación.

A tal punto llega la religiosidad del pueblo egipcio, que la monarquía era divina (algo que heredaría la sociedad occidental posteriormente y durante mucho tiempo se creerá que los reyes era nombrados por Dios). En Egipto se creía que el faraón era, no sólo el rey, es decir, el gobernante político, sino también la encarnación de un dios. Desde los inicios, el faraón fue relacionado con Horus, hijo de Ra, el dios de sol.

Cuando en el país las cosas marchaban correctamente, las gentes creían que los sacerdotes y el faraón estaban haciendo sus trabajos bien, y viceversa: les culpaban de las desgracias, del hambre, de las malas cosechas o de las crecidas del Nilo, tanto insuficientes como exageradas y destructivas.

La religión del antiguo Egipto fue politeísta en su mayor parte (hasta 700 dioses y diversas diosas fueron venerados), con un breve período monoteísta gracias al emperador Akenatón, que instaura la creencia única en el dios Atón.

Uno de los aspectos más famosos de las creencias religiosas egipcias era sus ideas de la vida después de la muerte. Creían que el cuerpo físico debía conservarse para permitir que su espíritu se mantuviese y viviese después de la muerte. Debido a esto, se hace habitual la práctica de la momificación.

Además, la arquitectura funeraria es tremendamente importante, relacionada de nuevo, obviamente, con la religión: grandes pirámides, entre otros monumentos, fueron erigidas como tumbas para los faraones del Imperio Antiguo.

Fuentes principales:

http://www.ihistory101.net

CIMMINO, Franco, 1985, Vida cotidiana de los egipcios, EDAF, Madrid

Share

h1

El concubinato romano, ilegítimo pero aceptado

14 mayo 2010

Se trata de la convivencia conyugal entre dos ciudadanos libres que no quieren contraer un matrimonio legítimo. Como la dote es un requisito del matrimonio legitimo, en el caso del concubinato no hay intercambio de dote. De igual modo, tampoco hay obligación de fidelidad por ninguna de las partes, siendo asimismo una unión separable en cualquier momento por la voluntad de cualquiera de las partes, sin que esa disolución implique obligaciones económicas de ningún tipo. Existían en Roma una serie de requisitos que debían cumplirse para que el concubinato fuese válido. Son los siguientes:

1. Que ninguno de los integrantes estuviese casado legítimamente, ya que en ese caso no sería concubinato, sino adulterio.

2. Que la mujer haya superado ya la etapa de la pubertad, es decir, debe ser púber.

3. Que exista el libre consentimiento por ambas partes y que, por tanto, ninguno se vea obligado.

4. Que el concubinato lo conformen dos personas, y no más (es una relación monógama, no una situación similar a un harén).

Este tipo de convivencia se da desde los tiempos antiguos de la Roma más primitiva, aunque empieza a ser tenida en cuenta por la legislación ya citada en otros post de Augusto a principios del Imperio. Desde entonces, se reconoce el concubinato por ley y es una relación pública que socialmente no hay por qué llevar en secreto.

De cara a la descendencia, los hijos habidos del concubinato son considerados por las leyes romanas hijos naturales, no legítimos. Es decir, los niños y niñas nacen ya como sui iuris, fuera de la potestad de cualquier pater familias, y siguen siempre la condición jurídica y social de la madre (si ella es ciudadana libre, si tiene rango senatorial, si es ecuestre… los hijos serán lo mismo que ella).

Pero la transmisión fundamental del patrimonio, así como de la estirpe, se llevaba a cabo por vía masculina, como también se ha explicado, por lo tanto ser hijo natural y carecer de pater familias no era nada ventajoso para esos niños. Más bien es lo contrario: era una tara social a la hora de progresar en la vida, ya que ese niño o niña será una persona sin el apoyo de una familia paterna dentro de una sociedad tan patriarcal como la romana; tendrá que medrar por sí mismo sin amparo, sin apoyo económico ni profesional, sin posibilidad de herencia paterna, etcétera, todo ello normal en un hijo legítimo de cualquier familia romana. Por lo tanto, ser hijo natural de un concubinato era un hándicap que privaba a ese hijo de los recursos que sí poseen el resto de ciudadanos. Pero ¿qué ciudadanos recurrían en Roma al concubinato?:

  • Aquellas mujeres que recurrían a este tipo de uniones en lugar de al matrimonio legítimo eran mujeres de baja extracción social que no tenían dinero para la dote. Por lo tanto, si en un momento dado se le antoja a su pareja masculina, ella debe marcharse sin ningún tipo de respaldo económico, ni siquiera para el mantenimiento de la descendencia (a no ser que él, de manera voluntaria, decidiese ayudarla de algún modo, pero por generosidad, no por que estuviese obligado legalmente).
  • En el caso de los hombres que optan por la vía del concubinato, puede ser que se tratase de aquellos que no desean un matrimonio legítimo debido a que hay una gran diferencia social con la mujer a la que quiere. Sería un tremendo escándalo social casarse en esas condiciones. Podría tratarse también, al hilo de esto, de casos de imposibilidad, ya que por ejemplo los senadores tenían prohibido casarse con una liberta, pero no vivir con ella en concubinato. Un tercer caso sería el de aquellos hombres que no desean tener más hijos legítimos porque ya tienen suficientes como para garantizar la continuidad de su estirpe y el reparto de su herencia. ¿Para qué más herederos? Un ejemplo son los viudos, que optan por el concubinato para no complicar más el tema de la herencia.

Pese a que el concubinato es tolerado en Roma tanto por las leyes como por la sociedad, durante la última etapa del Imperio, con los emperadores cristianos, la tendencia será a limitarlo o convertirlo en matrimonio legítimo (no eliminarlo o prohibirlo directamente, ya que estaba muy arraigado en los usos romanos).  Esto será a partir del siglo V después de Cristo y con los padres de la Iglesia detrás, abogando, según la moral católica, por la legitimidad de las uniones matrimoniales.

Recomendables las obras de  M. Henar Gallego Franco

http://0-dialnet.unirioja.es.diana.uca.es/servlet/autor?codigo=144267

Share

h1

Alternativas al matrimonio romano

6 mayo 2010

La entrada anterior se centraba en el rito matrimonial romano, precedido de los esponsales. Pues bien, hay que explicar que había fórmulas alternativas, aquellas que hacían que la mujer pasase a estar bajo la patria potestas de su esposo. Estos antiguos ritos que hacen brotar la manus o autoridad marital son tres: confarreatio, usus y coemptio.

1.- CONFARREATIO

Es el matrimonio que se celebra cumpliendo unas fórmulas religiosas en honor de Júpiter, al que se entrega un panis farreus (un pan de trigo, de ahí en nombre de confarreatio). Para ello, se requiere la presencia del sacerdote más importante de Júpiter, que es el Flamen Dialis, y del Pontífice máximo o Pontifex Maximus. Lo que se hace es pronunciar unas fórmulas solemnes consagradas, como digo, a Júpiter con la presencia, además, de diez testigos varones, mayores de edad, ciudadanos romanos y de virtud probada.

2.- USUS

Esta fórmula imita el viejo mito del matrimonio por rapto, que es de origen indoeuropeo. Es una fórmula recogida ya en la Ley de las XII Tablas, el código de justicia romano más antiguo (data del año 450 antes de Cristo). Este rito hace brotar la manus automáticamente mediante la posesión de la esposa durante un año ininterrumpido. Existía, sin embargo, una triquiñuela para poder burlar o evitar este efecto (también recogido este “truco” en la citada Ley): se trata de la usurpación de tres noches, el llamado usurpatio trinocti. Es decir, si ese año se interrumpía con tres noches seguidas en las que la mujer salía de casa, había que comenzar a contar de nuevo otro año completo porque el proceso se truncaba, por lo que el brote de la manus podía tardar años en producirse a través de esta vía.

3.- COEMPTIO

El coemptio simula la compra de la mujer, es decir, se trata de una pantomima del matrimonio por compraventa simbólica de la esposa. Los actuantes de este proceso “mercantil” eran los pater familias de ambos integrantes de la pareja -en caso de que el marido no fuese siu iuris- y en su defecto el tutor y cinco testigos de iguales características que los citados anteriormente. Lo que se intercambian son unas fórmulas jurídicas ya acuñadas de forma oral que simulan, como digo, la compra de la potestad sobre la mujer por parte del novio o del pater familias de éste. El efecto principal de este ritual es que, además de quedar la mujer bajo la autoridad de su marido o del pater familias de éste, también la propiedad de la dote cambia de familia.

Otro efecto o hecho a destacar es que en este tipo de uniones ella se integra en la otra familia de una forma particular (algo que recogen las leyes romanas): a través de la fórmula conocida como in loco filiae, es decir, en el lugar de una hija, como si fuese hija de su marido; jurídicamente, sería una hija para su marido o bien para el pater familias de éste, de igual modo que el resto de hijos que puedan tener en ese matrimonio.

Esto sucede porque la mujer tiene que integrarse en su familia agnaticia en función del parentesco masculino, y no podría hacerse de otro modo que no fuese éste. Los parientes agnados más próximos a un hombre que heredan en primera instancia son los hijos, y la mujer ha de integrarse en la familia a todos los efectos, teniendo con su marido un parentesco por vía masculina que, repito, no sería posible de forma natural. Éste es el único modo. Así, la mujer participaría en la misma proporción que sus hijos e hijas en la herencia del marido.

Estos tres tipos o fórmulas de matrimonio van a caer en desuso muy rápidamente en la última etapa de la República (a partir del siglo II antes de Cristo). Se convertiría desde entonces en un distintivo de excelencia utilizado tan sólo por alguna familia conservadora de rancio abolengo. El motivo de que caigan en desuso es doble:

1. Por un lado, el matrimonio celebrado a través de estos ritos es más difícil de disolver que aquel que no genera manus. Necesita de ceremonias específicas y de la participación de autoridades civiles y religiosas. Sin embargo, en el matrimonio ordinario no hay que recurrir a nadie a la hora de ponerle fin (como se verá en otro post). No interesa un matrimonio difícil de disolver, ya que, especialmente en el caso de la aristocracia, los romanos solían casarse por intereses (como el valor político, alianzas sociales, intereses económicos…) que podían variar.

2. Por otro lado, en cuanto a la cuestión del paso de la dote, la familia de ella preferirá siempre, como es obvio, que la dote quede bajo su autoridad, ya que aunque el marido administre esos bienes, la propiedad sigue controlándola la familia de la mujer. Sin embargo, en el matrimonio habitual se produce una situación jurídica extraña de cara a la herencia, ya que madre e hijos pertenecen a familias agnaticias diferentes. Por lo tanto, no es posible la herencia intestada directa entre madres e hijos, pues son parientes cognados pero no agnados. Ni los hijos heredan de su madre ni ésta de sus hijos en caso de que fallezcan antes, a no ser que se dejen bienes a voluntad por medio de un testamento, lo cual sí que era posible. Con el tiempo, el Derecho romano tenderá a corregir esta situación.

El concubinato y el contubernio son dos alternativas más al matrimonio convencional que se tratarán en un post posterior

Recomendables las obras de  M. Henar Gallego Franco

http://0-dialnet.unirioja.es.diana.uca.es/servlet/autor?codigo=144267

Share