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El concubinato romano, ilegítimo pero aceptado

14 mayo 2010

Se trata de la convivencia conyugal entre dos ciudadanos libres que no quieren contraer un matrimonio legítimo. Como la dote es un requisito del matrimonio legitimo, en el caso del concubinato no hay intercambio de dote. De igual modo, tampoco hay obligación de fidelidad por ninguna de las partes, siendo asimismo una unión separable en cualquier momento por la voluntad de cualquiera de las partes, sin que esa disolución implique obligaciones económicas de ningún tipo. Existían en Roma una serie de requisitos que debían cumplirse para que el concubinato fuese válido. Son los siguientes:

1. Que ninguno de los integrantes estuviese casado legítimamente, ya que en ese caso no sería concubinato, sino adulterio.

2. Que la mujer haya superado ya la etapa de la pubertad, es decir, debe ser púber.

3. Que exista el libre consentimiento por ambas partes y que, por tanto, ninguno se vea obligado.

4. Que el concubinato lo conformen dos personas, y no más (es una relación monógama, no una situación similar a un harén).

Este tipo de convivencia se da desde los tiempos antiguos de la Roma más primitiva, aunque empieza a ser tenida en cuenta por la legislación ya citada en otros post de Augusto a principios del Imperio. Desde entonces, se reconoce el concubinato por ley y es una relación pública que socialmente no hay por qué llevar en secreto.

De cara a la descendencia, los hijos habidos del concubinato son considerados por las leyes romanas hijos naturales, no legítimos. Es decir, los niños y niñas nacen ya como sui iuris, fuera de la potestad de cualquier pater familias, y siguen siempre la condición jurídica y social de la madre (si ella es ciudadana libre, si tiene rango senatorial, si es ecuestre… los hijos serán lo mismo que ella).

Pero la transmisión fundamental del patrimonio, así como de la estirpe, se llevaba a cabo por vía masculina, como también se ha explicado, por lo tanto ser hijo natural y carecer de pater familias no era nada ventajoso para esos niños. Más bien es lo contrario: era una tara social a la hora de progresar en la vida, ya que ese niño o niña será una persona sin el apoyo de una familia paterna dentro de una sociedad tan patriarcal como la romana; tendrá que medrar por sí mismo sin amparo, sin apoyo económico ni profesional, sin posibilidad de herencia paterna, etcétera, todo ello normal en un hijo legítimo de cualquier familia romana. Por lo tanto, ser hijo natural de un concubinato era un hándicap que privaba a ese hijo de los recursos que sí poseen el resto de ciudadanos. Pero ¿qué ciudadanos recurrían en Roma al concubinato?:

  • Aquellas mujeres que recurrían a este tipo de uniones en lugar de al matrimonio legítimo eran mujeres de baja extracción social que no tenían dinero para la dote. Por lo tanto, si en un momento dado se le antoja a su pareja masculina, ella debe marcharse sin ningún tipo de respaldo económico, ni siquiera para el mantenimiento de la descendencia (a no ser que él, de manera voluntaria, decidiese ayudarla de algún modo, pero por generosidad, no por que estuviese obligado legalmente).
  • En el caso de los hombres que optan por la vía del concubinato, puede ser que se tratase de aquellos que no desean un matrimonio legítimo debido a que hay una gran diferencia social con la mujer a la que quiere. Sería un tremendo escándalo social casarse en esas condiciones. Podría tratarse también, al hilo de esto, de casos de imposibilidad, ya que por ejemplo los senadores tenían prohibido casarse con una liberta, pero no vivir con ella en concubinato. Un tercer caso sería el de aquellos hombres que no desean tener más hijos legítimos porque ya tienen suficientes como para garantizar la continuidad de su estirpe y el reparto de su herencia. ¿Para qué más herederos? Un ejemplo son los viudos, que optan por el concubinato para no complicar más el tema de la herencia.

Pese a que el concubinato es tolerado en Roma tanto por las leyes como por la sociedad, durante la última etapa del Imperio, con los emperadores cristianos, la tendencia será a limitarlo o convertirlo en matrimonio legítimo (no eliminarlo o prohibirlo directamente, ya que estaba muy arraigado en los usos romanos).  Esto será a partir del siglo V después de Cristo y con los padres de la Iglesia detrás, abogando, según la moral católica, por la legitimidad de las uniones matrimoniales.

Recomendables las obras de  M. Henar Gallego Franco

http://0-dialnet.unirioja.es.diana.uca.es/servlet/autor?codigo=144267

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